Que nunca te den este premio

Lejos de ser una honorífica mención por la investigación en biología o por el descubrimiento de cualquier hito científico relacionado con la naturaleza, los Premios Darwin son el irónico nombre que reciben los individuos galardonados anualmente por su contribución a la selección natural. Lo de "irónico" va porque el premio lo "recibe" (en sentido figurado) aquella muerte que se produce de la manera más absurda o grotesca y a sabiendas, por parte del futuro finado, de que tenía grandes posibilidades de producirse. 

Los Premios Darwin tienen su origen en el año 1993, cuando Wendy Northcutt, estudiante de biología molecular en la Universidad de California en Berkeley, por aquel entonces, empezó a hacer acopio de calamidades contadas en los típicos emails en cadena de la época que luego desembocaron en la web que es hoy en día y que la propia Wendy (autora además de libros relacionados con esta distinción) actualiza periódicamente.

Sólo hay cinco reglas para poder optar a un Darwin Award y son las siguientes:

- El candidato debe estar muerto o estéril (importante, porque en ambos casos se evita la reproducción y, por lo tanto, la selección natural realiza su trabajo).
- Se debe demostrar una absoluta falta de sensatez.
- Causarse la imposibilidad de reproducción a sí mismo (en relación con la primera regla. Quiere decir que si troleas a un amigo y le haces hacer puenting con la cuerda rota su muerte no contará para el Darwin porque no fue él quien se automató).
- La persona debe estar en su sano juicio.
- El acontecimiento, obviamente, debe estar verificado (prensa, testigos oculares...)


Foto: cnet.com 


Así, en la web de los Premios Darwin, clasificados por años, podremos ver (y votar) las muertes que más han contribuido a la selección natural de nuestra especie humana, como por ejemplo la de Marcelo, un ciclista de 25 años que corría por la pista de un aeródromo cerca de Sao Paulo con el walkman (fue en 1997) a todo volumen y no oyó llegar a su espalda la avioneta que le aplastó. O la de Gary Allen (2012), un señor de North Carolina que, estando en casa de un amigo, vio una jarra que contenía un líquido amarillento que no dudó en beber. El líquido era gasolina, así que lo escupió inmediatamente, chorreando por su ropa, y no se le ocurrió nada mejor que encender un cigarrillo para quitarse el mal sabor de boca. El resultado ya lo podéis imaginar. También la de Lucas, un chico de 32 años de Minnesota que, en 2009 y deseando que le recetaran analgésicos narcóticos en el hospital, se tiró desde su coche en marcha para provocarse heridas que fueran tratadas con este tipo de narcóticos con la mala suerte de golpearse la cabeza y fallecer en el acto.

La verdad es que la web esta llena de estas historias y más, ya que también se contemplan los nominados de cada edición anual y hasta una sección de candidatos que tienen el estatus de leyendas urbanas al no haber sido confirmado realmente el hecho.

Aunque pueda haber gente que este tipo de premios sarcásticos les pueda parecer ridículos y de mal gusto, lo cierto es que Wendy se muestra orgullosa de ellos porque, como ha declarado en más de una ocasión, constituyen un manual perfecto para muchas personas, sobre todo jóvenes, que tendrán, por ejemplo, muchísimo cuidado a la hora de manejar un explosivo.


¿Qué opinión os merecen los Darwin Awards? ¿Originalidad o aprovecharse de la desgracia ajena? ¿Una guía basada en la realidad de lo que no se debe hacer o un elogio del mal gusto? Todas vuestras opiniones y más podéis contárnoslas un poco más abajo en la sección de comentarios. ¡Responderemos!


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